Monday 4 january 2010
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Todos los días, en cualquier momento, en cualquier lugar, sin saberlo, sin intuirlo, sin pensar en nada, nos
cruzamos, hablamos, sentimos, rozamos, olemos, …a multitud de seres anónimos, o no tanto, que como nosotros, aparentan normalidad, llevan una existencia común, sin llamar la atención por nada
especial; acuden a su trabajo con puntualidad, cumplen en él a la perfección. Nada los diferencia a unos de otros, todos parecen seguir una pauta establecida, una norma común, la misma regla, la
misma rutina.
En cambio, algunos de esos seres, más de los que aparentemente creemos, rompen lo establecido, esa
directriz que todo lo dirige, y ya fuera de ese ambiente social habitual, se quitan (o se ponen) esa máscara que los protege de una apariencia para llevar otra vida paralela, lejos, o alejados, o
con otros, formando grupos que se autoencuentran, que se atraen, como imanes de polo distinto.
En esas dobles vidas todos tienen algo en común, es ese existir oficial, y algo que los diferencia de los demás, y que normalmente llevan con mucha discreción, esa otra doble vida a través de la que buscan otros intereses que no
encuentran en la anterior, o que les interesan más, y que muy bien saben ocultar, aparentando ser como los demás “normales” quieren que les vean.
Hay multitud de formas de existencia, de vivir esa realidad, esas realidades, basta solamente con
tener diferentes actitudes en ambientes distintos, salidas, actividades con otros grupos, otros horarios, otras ciudades, relaciones de amistad para cada devenir…
El ser humano, en su objetivo final en busca de la felicidad, interpreta los caminos para llegar a
ella según el idioma de su pensar, de su ver, y en la consecución de esa meta, tiene todo el derecho del mundo a vivir la vida, o las vidas, que crea necesario para llegar a encontrarse a si
mismo y sentirse plenamente realizado, o simplemente complementar unas facetas con otras, sin tener que rendir cuentas de sus actos, siempre que estos no sobrepasen las normas dadas y aceptadas
por todos.
El respeto a cada persona y a su forma de vida es lo que hace que todos nos sintamos miembros
aceptados de una comunidad, porque, sencillamente, ¿hay alguien que no tenga algo oculto?, ¿hay alguien que no tenga otra vida, o que le gustaría llevarla, aunque sólo sea en su
imaginación?.